QEPD Wilindoro Cacique

foto: flickr de simon cocks

Esto no es para ti

Publicado: 2014-01-08

Le debo a los hermanos Sanseviero, de la librería "Sur", el descubrimiento de La casa de hojas de Mark Z. Danielewski, publicado en una coedición de Alpha Decay y Pálido Fuego. Uno pensaría que un libro como este, cuya traducción y edición debió ser un trabajo complicadísimo, nunca se traduciría al castellano. Y menos aún que, de traducirse (finalmente el reto lo asumió Javier Calvo), llegaría alguna vez al Perú (y tan pronto). Pero todo eso ha sucedido. Todo ello le suma un aura casi mágica al maravilloso acontecimiento literario de poder leer esta novela voraz y ambiciosa.

A diferencia del año pasado, que me convertí en una máquina de leer y para esta fecha tenía cuatro o cinco libros terminados, el 2014 me ha cogido disperso. Leo un libro, lo cierro, abro otro, y así ando con diez libros que avanzo paralelamente (en Kindle e impresos) sin animarme a terminar ninguno. Esa es la única razón por la que no he concluido Casa de hojas, que leo a cucharadas y la disfruto con paciencia y el placer de quien sabe que la experiencia no podrá repetirse, porque ya nadie escribe cosas así. Desde hace años no leía un libro que conjugase con tanto acierto el talento literario con la necesidad de innovar formalmente.

El libro me ha conducido a discusiones literarias de principios de la década de los 90. Entonces, Mario Bellatin me hacía notar cómo los críticos peruanos calificaban unánimemente de "experimental" o de "vanguardista" sus primeras novelas. Eran adjetivos justos para su obra, pero estos reseñistas se las amañaban para convertirlos en insultos o menosprecios. "Es una novela experimental" significaba que estábamos ante una novela menor, interesante pero lejos de esa Gran Novela Peruana de la que apenas sabíamos algunas características: realista, lineal, política, con referencias explícitas al país, con un argumento sólido; es decir, que contase una experiencia tangible y, de ser posible, transferible. Nada de eso eran las novelas de Bellatin. Experimental, pues. Luego se puso de moda el término "metaliterario" para juzgar -con el mismo menosprecio- las obras literarias que no cumpliesen con el deber antes expuesto.

(No solo en Perú fue recibida con esa frialdad la obra de Bellatin. Recuerdo un crítico español -ya fallecido- quien solía denunciar en los diarios españoles la estafa detrás de esas novelas brevísimas, todas ellas muy parecidas entre sí, que cometían el pecado de no continuar la estela de don Benito Pérez Galdós).

¿En qué momento calificar algo de "experimental" fue un insulto?

Leo el libro de Danielewski y no dejo de aplaudir cada uno de sus experimentos formales que conducen la novela a lugares insospechados. "El Moby Dick del género de terror" la ha calificado Stephen King y pienso en lo trivial que podría ser esta novela contada sin asumir las rupturas formales (es decir, contada por King). Sin embargo, esa hipótesis es imposible, porque La casa de hojas solo puede existir con la forma en que está escrita. Un "laberinto" o "puzzle posmoderno" lo ha calificado Javier Blánquez, quien ha enumerado algunas de las huellas explícitas que ha dejado dispersas Danielewski.

"Una novela no es lo que nos han dicho que era, no es un objeto tan limitado como nos quieren hacer creer" dice Danielewski en una entrevista con Xavi Ayen, donde también declara: "Quise capturar la entera experiencia de leer, de vivir. No quise limitarme a la poesía, al ensayo, a la pintura... quise que estuviera todo eso en una sola obra."

Insisto: ¿En qué momento ser experimental se convirtió en una falta?

La respuesta está en la existencia de aquel "objeto limitado" que algunos editores y críticos literarios nos quieren vender como "novela", como lo ha aclarado el autor de La casa de hojas. La novela siempre ha sido un género ambicioso, una aspiradora de conocimientos y de historias, y por ello mismo es una forma literaria que se construye lejos de cualquier idea previa. Nadie puede prever qué va a resultar al meter tantas cosas en un saco. Es comprensible que la industria editorial necesite novelas en rediles, fáciles de vender y de éxito testeado entre los lectores, para seguir siendo un negocio. Menos entendible es que algunos críticos aplaudan esas novelas homogéneas, pero quizá también son parte del negocio. Sin embargo, todos deberíamos coincidir en que una novela extraordinaria no es aquella que los lectores quieren leer, sino un animal (a veces monstruoso, como visiblemente lo es La casa de hojas) que busca sus propios lectores.

Cuando a William Faulkner le pidieron un consejo para aquellos que leían tres veces sus libros y no podían comprenderlo, dijo: "que lo lean por cuarta vez". Ser "experimental" (ahora me escudo en las comillas para no definir lo indefinible) no debería ser una cualidad y tampoco un demérito en ningún autor; debería ser una exigencia que nace dentro suyo (y que muchas veces lo sobrepasa) desde el momento en que asume el reto de escribir una novela. Uno escribe con todo lo que tiene y, si es honesto consigo mismo, el resultado será una obra que, al mismo tiempo, incluye y desborda lo que ha leído antes o lo que consideraba que debía ser una novela. El primer sorprendido siempre es el autor.

¿Saben cuál es la frase con que empieza La casa de hojas? "Esto no es para ti". Exacto. De eso se trata, de saber que uno no escribe para ningún lector concreto, sino para lectores que empezarán a existir solo cuando se publique el libro. El día que escribes algo que es para ese "tú" que lo está esperando, la novela nace muerta.


Escrito por

Iván Thays

Escritor peruano. Autor de las novelas "El viaje interior, "La disciplina de la vanidad" y "Un lugar llamado Oreja de perro".


Publicado en

Moleskine Literario

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